No hay nada más placentero para mí que sentarme con una gran taza de té en las manos, da igual la hora que sea, es un momento mágico.
Hace años tenía mis meriendas de los viernes, en el que un par de amigas y yo compartíamos té, pasteles y confidencias, de aquellas tardes me quedan muy buenos recuerdos, muchas risas y conversaciones, guardadas ahora en el baúl de mis vivencias personales. Pero el gusto por mi té ahí está, intacto, y con la costumbre heredada de ellas de tomarlo con leche.
Un té negro, fuerte y con sabor a flores y que compro desde hace muchos años, en la Tienda del Té de mi amiga Rosa.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: